“SANTA CRUZ S.A. AGRONEGOCIO Y MITO EMPRESARIAL”: UN LIBRO QUE DESMONTA EL MODELO PROMETIDO DE LA CLASE EMPRESARIAL CRUCEÑA. Conversamos con Suzanne Kruyt y José Octavio Orsag Molina

Suzzane: Este libro ha sido un diálogo entre cinco investigadores e investigadoras vinculados al Centro de Estudios Populares (CEESP), provenientes de distintas disciplinas y enfoques: la historia, la economía, la antropología y los estudios ambientales, entre otros. La premisa principal, y también el objetivo central del libro, es abordar los mitos que sostienen el relato del éxito cruceño, un discurso que, especialmente en el actual contexto económico y político que vive el país, ha vuelto a cobrar fuerza y se presenta como la receta capaz de sacar a Bolivia de la crisis, e incluso como la única alternativa posible.

A partir de un análisis de las bases económicas de este modelo y de las dinámicas de poder que representa, identificamos numerosos mitos y supuestos. Muchos de ellos ya habían sido abordados en investigaciones anteriores, pero quizá no habían sido articulados entre sí desde distintas perspectivas.

José Octavio: Este tema, por supuesto, ya ha sido investigado. Está, por ejemplo, el libro Los barones del Oriente, de Ximena Soruco. Es una discusión que tiene trayectoria, pero creo que uno de los principales aportes que hacemos ahora es consolidar la idea de cuáles fueron los factores que permitieron el surgimiento de una élite cruceña.

Uno de esos factores es la tierra: el acaparamiento de grandes extensiones mediante mecanismos que, en la mayoría de los casos, no fueron legales, aunque se apoyaron en la propia estructura creada por la reforma agraria, sobre todo durante las décadas de 1960 y 1970. Otro elemento fundamental fueron los préstamos del Banco Mundial en ese mismo período y los recursos que ingresaron al país, canalizados, por ejemplo, a través del Banco Agrícola. Sin embargo, creo que hay otros tres aspectos que profundizan esta discusión y permiten comprender mejor el fenómeno.

El primero es recordar que el territorio cruceño no estaba vacío. En el momento de la expansión de la frontera agraria existían pueblos indígenas, principalmente ayoreos y chiquitanos, que ya venían resistiendo desde la Guerra del Chaco y desde la construcción del ferrocarril Santa Cruz-Corumbá, y que continuaron siendo víctimas de un proceso constante de borramiento hasta la década de 1990. Por eso, cuando hablamos de la expansión de la frontera agraria, también debemos hablar de esa otra Santa Cruz que ha sido sistemáticamente excluida de la historia regional.

El segundo aspecto tiene que ver con la identidad, como mencionaba Suzanne. Sabemos que en Bolivia, y especialmente desde Santa Cruz, existe una construcción identitaria muy fuerte, atravesada por el debate sobre el centralismo y por una revisión de la propia historia regional. Ese análisis constituye también un aporte importante del libro.

Finalmente, está toda la discusión sobre la dimensión ambiental. El capítulo dedicado a este tema muestra, por ejemplo, que Santa Cruz es el departamento más afectado por la crisis climática en Bolivia, con una pérdida significativa de superficie de agua. Actualmente existe un conflicto muy grave en la Chiquitanía por el acceso al agua, un proceso que puede entenderse como una privatización silenciosa de este recurso. Todo ello está profundamente articulado con la disputa por el territorio.

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