6 DE AGOSTO, LAS VOCES DE UNA CELEBRACIÓN QUE NO ES IGUAL PARA TODXS: “NO SE TRATA DE CELEBRAR INGENUAMENTE, SE TRATA DE NO REGALAR LA PATRIA A QUIENES CREEN QUE LES PERTENECE”. Escuchamos a Esther, Stasiek Czaplicki, Aurelia Canelas, Eliana Quiñones y Carol Gainsborg

Stasiek: Una vez más, la factura cae sobre quienes menos tienen, mientras los privilegios permanecen intactos en los sectores de mayor poder. Y, frente a la crisis, reaparece una promesa demasiado conocida y demasiado incumplida: que una nueva expansión extractiva nos pondrá, por fin, en el mapa mundial y, por qué no, en el camino del desarrollo.

Este 6 de agosto no corresponde a una celebración complaciente. Corresponde hacer un balance crítico y honesto sobre el significado real de nuestra independencia. Bolivia se constituyó como un país políticamente independiente, pero hasta hoy no ha roto con una economía organizada para extraer y exportar su naturaleza.

La conmemoración oficial suele ocultar esta contradicción. Durante un día, la desigualdad se disfraza de unidad nacional, la entrega de territorios se presenta como progreso y los intereses de quienes concentran la tierra, la riqueza y el poder de decisión aparecen como si fueran el destino común de toda Bolivia.

Esther: Este 6 de agosto cumplimos 201 años de la independencia de Bolivia. Es una fecha que simboliza el nacimiento de nuestra patria y también recuerda el fin de más de dos siglos de dominio colonial. Sin embargo, quienes vivimos en el campo y trabajamos la tierra sentimos que hoy no hay nada que celebrar. Nos duele ver cómo nuestro país se hunde poco a poco y cómo, en lugar de avanzar y construir un mejor futuro, parece estar retrocediendo.

Pero lo que más nos duele es haber depositado nuestra confianza, a través de nuestro voto, en un gobierno que prometió trabajar por el bienestar del pueblo. Hoy sentimos que esa confianza de la gente que realmente trabaja ha sido traicionada.

Aurelia: Desde el gobierno, lo que hoy se celebra bajo el nombre de fiestas patrias es, en realidad, la recuperación del poder por parte de un sector conservador de derecha, estrechamente vinculado a distintas iglesias, tanto católicas como evangélicas, y a una estructura que, como hemos visto hasta ahora, es profundamente corrupta, mantiene vínculos con el narcotráfico y ha sido totalmente permisiva con estos grupos criminales.

Yo no creo que nosotros tengamos algo que celebrar, porque la situación de la población empeora cada día. El precio del dólar cambia constantemente y, aunque nuestra economía cotidiana no se maneja directamente en dólares, el mercado sí lo hace. Eso ha reducido considerablemente el poder adquisitivo de la población y afecta, sobre todo, a las grandes mayorías.

Eliana: Creo que es tiempo de una profunda reflexión para todas las organizaciones sociales a las que pertenecemos. Es momento de reconstituir nuestras organizaciones, reconstruir el país y repensar la idea de país que queremos, reconociendo también la profunda diversidad que nos constituye.

Eso sí, siempre vamos a celebrar la digna resistencia. Vamos a celebrar nuestras identidades, nuestras fuerzas y nuestras luchas, que siguen siendo la principal muralla frente al saqueo permanente de nuestra tierra.

Asimismo, pienso que Rodrigo Paz no tiene nada que celebrar. Más bien, debería reflexionar sobre lo que considero un profundo fracaso como presidente de un país que no conoce. No conoce Bolivia, no conoce a su gente, no conoce sus necesidades ni la fuerza que existe en este país.

Carol: Es importante separar dos cosas que solemos confundir: la fecha y la celebración oficial de esa fecha. El 6 de agosto no le pertenece a ningún gobierno. Le pertenece a una historia larga, contradictoria y, muchas veces, dolorosa de un pueblo que todavía sigue construyéndose.

Por eso, antes de preguntarnos qué celebra este gobierno, tendríamos que preguntarnos qué ha significado realmente esa independencia en Bolivia y para quiénes. Sabemos que en 1825 se firmó el Acta de Independencia respecto de España, pero ese acto no liberó a los pueblos indígenas, no liberó a las mujeres ni tampoco a quienes trabajaban la tierra sin poseerla.

En muchos sentidos, la independencia significó un cambio en las manos que ejercían el poder. Y es importante decirlo sin rencor, como quien constata un hecho para comprender mejor nuestra historia y, desde ese lugar, poder repensarnos y proyectarnos hacia el futuro.

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