Desde la represión y persecución a los movimientos sociales hasta la propuesta de un proyecto de ley sobre esterilización forzada para mujeres en situación de calle, el gobierno ha demostrado que las políticas anti derechos humanos son parte de su proyecto de país. Esto sin duda responde a la derechización de los gobiernos de la región y del mundo. Por eso es urgente conversar sobre las narrativas deshumanizadores como una forma que permite el avala social de la violencia de Estado. Para esto, conversamos con Luisa Achá del ITEI y con Daniela Toledo del podcast La Cebolla atrapada:
Luisa Achá: ¿Qué contexto ha sido necesario que se cree para que este tipo de acciones sean justificadas? Haciendo una reflexión crítica, decíamos que, cuando escuchamos testimonios de las personas que han sido detenidas en las movilizaciones recientes o en 2019, veíamos cosas en común, cosas que han ido actualizándose, donde ciertas palabras empezaban a adquirir un peso tremendo. Ciertos adjetivos se volvían directamente sustantivos; es decir, una palabra que inicialmente pretendía describir a alguien luego se convertía en su identidad, y esa identidad anulaba toda la humanidad que podía tener esa persona.
Lo identificamos por dos razones. Creo que, si bien los discursos y narrativas deshumanizantes han existido en todo el mundo, en nuestra región y en nuestro país, y se vienen construyendo desde hace muchísimos años, lo que nos ha llevado a pensarlos desde un punto de vista un poco más serio, a decir que esto tiene que ser estudiado como un componente fundamental de las violaciones de los derechos humanos, ha sido el hecho de que estos discursos ya adquieren un alcance y una viralidad que las nuevas tecnologías permiten amplificar, algo que hace 20 años no pasaba…
Daniela Toledo: A esto yo le agrego un componente que, en Bolivia, también está muy entremezclado con lo que tiene que ver con una identidad indígena, pero también con una identidad de clase. Es algo que aparentemente se ha ido diluyendo y quedando atrás, pero, ciertamente, las identidades que más son señaladas con adjetivos indeseables son aquellas que están en los márgenes de la pobreza, que no tienen cierto acceso o cierto tipo de capital social, cultural, etcétera.
Entonces, hay algunas pautas para empezar a pensarlo. Obviamente, esto no explica toda la realidad, pero me animaría a partir de esos dos puntos, sumándoles un tercero, que tiene que ver con lo que precisamente nos convoca: que todo aquello que es considerado desagradable, finalmente va a estar en las cárceles. Por tanto, cualquier persona privada de libertad va a ser también sujeto de una narrativa deshumanizadora.
Continúa escuchando la conversa con Luisa y Daniela:
