ESCASEZ Y EXTRACTIVISMO EN BOLIVIA. Un artículo de Claudia López Pardo

La crisis energética en Bolivia no da tregua. La escasez de hidrocarburos produce incertidumbre y la gente hace fila en las estaciones de servicio de las ciudades centrales. 

Las colas son parte del paisaje urbano tapizado por carros grandes y pequeños de toda forma, color y modelo a la espera de proveerse de gasolina. Las filas de bidones guardan un turno según cada propietarix. El transporte pesado también hace largas colas, con esperas de uno a tres días para abastecerse de diésel. En algunos lugares tampoco hay gas licuado de petróleo para el consumo doméstico. 

En poco tiempo la población ha naturalizado las filas para obtener combustible. Se asocia la escasez con crisis, inflación, especulación y precarización de la vida. 

Las conversaciones habituales contienen estas preguntas: ¿cómo resolveremos la falta de gas? ¿Volveremos a cocinar a leña? ¿A cuánto ascenderá el precio del gas domiciliario? 

Otra de las preguntas que hoy circulan en los hogares bolivianos y en los medios es si con la extracción de nuevos pozos se resolverán los problemas cotidianos provocados por la falta de hidrocarburos en Bolivia. 

Debido a la caída significativa de las reservas de gas y la producción de hidrocarburos, el gobierno de Rodrigo Paz, heredero del régimen extractivista anterior, no escatima esfuerzos para el avance de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y Petróleo Brasileiro (PETROBRAS) en la Reserva de Flora y Fauna de Tariquía.

A la escasez se suma otro problema: YPFB distribuyó gasolina adulterada, produciendo daños mecánicos en los motorizados. El gobierno paga compensaciones a 89.651 afectadxs. 

Aunque YPFB asumió responsabilidad institucional, todo señala la  corrupción en algunos niveles del gobierno. En abril, el ministro de hidrocarburos Mauricio Medinaceli fue destituido y guarda prisión domiciliaria.

Lo real es que no hay hidrocarburos para la provisión diaria. Las colas por gas, diésel y gasolina son la expresión visible y recurrente de la falta de abastecimiento de combustibles desde, al menos, el inicio de 2025, aunque el desabastecimiento ya era descrito como un problema que venía acumulándose desde meses anteriores. El gobierno patalea e intenta reducir los efectos de décadas de subvención. 

Y no todo pasa en las ciudades. La vida en el campo, a una escala más familiar o comunitaria, se enlaza con la escasez y la dificultad de abastecimiento de diésel para la maquinaria y las herramientas del trabajo agrícola. En cambio, el capital agroindustrial no hace filas. La Cámara Agropecuaria del Oriente acordó con YPFB un abastecimiento diario y directo para el empresariado.

El gobierno de Paz anunció que mantendrá congelado, por ahora, el precio interno de GLP en 22,50 pesos bolivianos ($1,89 USD) por una garrafa de 24,2 litros, pero la caída de la producción nacional de gas genera una creciente presión sobre el esquema de costos. Eso se debe a la posibilidad de tener que recurrir a la importación de GLP a precios significativamente superiores. 

La crisis del gas puede terminar trasladándose progresivamente a la reproducción cotidiana de las unidades familiares, especialmente si es que el estado ya no podrá sostener la diferencia entre el precio interno y el costo de importación.

Entre telones, se anuncia el encarecimiento de los productos básicos y de los alimentos de la canasta familiar, lo que traerá nuevas dificultades en la cocina y en el trabajo reproductivo. 

  • Claudia López Pardo: Vive en Bolivia. Hace parte de tejidos y luchas antipatriarcales. En Ojalá, escribe de forma situada sobre las luchas de los feminismos renovados.

Este artículo fue publicado orginalmente en el Semanario Ojalá como Escasez y extractivismo en Bolivia