El proyecto nace con una inquietud de juntar el sonido con las arcillas. Creamos el Club de las Arcillas hace un año y, casualmente, todos hacemos música experimental. Entonces comenzamos a experimentar con circuitos electrónicos, piezos eléctricos y también con estos silbatos.
El proyecto ahora lo hemos consolidado dentro del marco de SONANDES. Con SONANDES postulamos a un fondo y ahora estamos realizando el proyecto. La idea es hacer una colaboración con la Escuela Normal de Tarata. Ellos son músicos, son dos cursos que ya están a punto de egresar, y ha sido interesante mostrarles nuevas maneras de hacer música, acercándonos más al sonido.
Hemos trabajado también con alfareros de Huayculi, quienes nos han hablado de sus técnicas: de dónde sale la tierra, de la parte del mineral y también un poco del territorio. Huayculi es un lugar hermoso, lleno de ceramistas; hay hornos en cada casa. Con las arcillas que hicimos y las cerámicas que moldearon los alumnos, hemos ensamblado un poco de electrónica, las hemos microfoneado y estamos haciendo una experimentación, una composición súper experimental.
Nuestro acercamiento, como vivimos en Cochabamba, ha sido realmente conocer cómo trabaja la gente, los arcilleros y los alfareros aquí en Tarata, en Huayculi, que tiene toda esta trayectoria del barro, de la arcilla y de esta manufactura milenaria. Al acercarnos a estas personas con tanto conocimiento, también nos hemos dado cuenta de lo poco que sabemos. Eso nos ha dado muchas ganas de aprender y de establecer ese vínculo con las maderas que utilizan para la horneada, las mezclas de barro que usan, el tipo de esmalte que hacen; todas esas cosas que nosotrxs vemos directamente como producto en el mercado, mientras ellos están ahí trabajando durísimo.
Nos contaban sus horarios, sus rutinas de trabajo, que participan en ferias de trueque y que viajan. Es un mundo aparte, muy alejado de nuestro día a día en la ciudad. Acercarse al territorio y conocer cómo, milenariamente, vienen heredando estos quehaceres es muy interesante.
También estuvimos motivadas por las provocaciones que nos lanzaba SONANDES, porque este año la Bienal va a ser en Cochabamba y nos proponía ir más hacia la escucha que hacia la ejecución misma del sonido, provocar espacios de escucha amplificada. Tomamos esa premisa para traerla al territorio.
Tarata es un pueblo de músicos y músicas con una gran tradición; tanto así que aquí está la Normal de Música. Nos parecía importante, también como una posición política, empezar a ampliar los espacios donde desplegamos nuestras prácticas, los espacios con quienes interlocutamos, generamos conocimiento y desarrollamos prácticas creativas.
Para nosotras ha sido un deseo profundo venir a trabajar con los estudiantes que se están formando para ser profes de música, porque también nos interesaba escuchar desde dónde vienen sus prácticas creativas, poder compartir y, en esa retroalimentación mutua, generar procesos de composición y creación conjunta. Creo que es en ese acto de reconocimiento, de entender que somos todas creadoras y artistas, donde aparecen estas posibilidades de componer algo en conjunto.
Continúa escuchando la conversa con Lucía, Cristina e Iby:
