El norte amazónico de nuestro país, conformado específicamente por el departamento de Pando, la provincia Vaca Díez del departamento del Beni, Ballivián y, en parte, también Iturralde, del departamento de La Paz, es una región que se caracteriza por una estructura: el extractivismo.
Es decir, no son solo prácticas ni un fenómeno reciente, sino una estructura. En términos sociológicos, el extractivismo es estructurante, se ha instaurado y se va reproduciendo junto al modo de producción, a la formación social de la región, de la población, de sus clases y grupos sociales. Es una cuestión histórica que debe llamarnos la atención y que debe ser reflexionada principalmente en el territorio. Lo bueno de esto es que muchos dirigentes y autoridades indígenas, líderes campesinos, son muy conscientes de esta estructura, y es una pelea que se libra no solo en momentos o hitos históricos, sino cotidianamente.
El extractivismo, en sociedades como la nuestra, en sociedades poscoloniales, tiene que comprenderse como un proceso de largo aliento, un proceso histórico. En el caso del norte amazónico, no tengo la certeza de cuándo inició, pero las evidencias que se tienen se refieren a la extracción de la quinina a mediados del siglo XIX. Y la llegada fue bastante colonial, desde la perspectiva de los exploradores, de los empresarios, entre comillas, aventureros, que no sabían qué se iban a encontrar, precisamente en esa acción colonial, tal como Colón.
En el caso de la Amazonía, también existe el mito de buscar el tesoro, El Dorado. Y, me parece a mí, este Dorado ha tenido varias versiones. Primero fue la quinina, luego la siringa, la goma, el caucho. Actualmente todavía estamos en la época de la castaña, de la almendra amazónica, y en la última década se ha agudizado mucho más, aunque en la memoria de la gente siempre ha estado presente, el garimpo, la minería del oro. En otras Amazonías, como la peruana, esta actividad ya ha provocado una devastación gigantesca; ya hay naturaleza muerta como producto de esta práctica extractiva. Y en nuestro país está proliferando de una manera acelerada, incontenible y bastante maliciosa.
Esta forma de enquistarse tiene que ver con que se instaura una lógica. En el caso del norte amazónico, son la lógica del habilito y del enganche. El habilito es una forma de pago por adelantado, de pago en mercancía, y el enganche consiste en valerse de la necesidad de trabajo y de vivienda de la gente para enganchar trabajadores.
En el momento de la siringa fue una dinámica muy similar a la trata de personas. En los libros hay evidencias de que, en realidad, se trataba de secuestros, de capturar población para convertirla en la mano de obra que realizara estas actividades extractivas. El formato mantiene lógicas comunes desde el siglo XIX hasta el día de hoy.
Por supuesto, hoy mucha población se siente liberada, por ejemplo, del habilito, porque ya puede manejar el dinero libremente y vender su producto. Sin embargo, las opciones que tiene para venderlo son muy pocas. Tiene cero control sobre los precios, tanto de la castaña como del oro, y su principal aporte, me refiero a la población local, principalmente campesina e indígena, sigue siendo únicamente ser mano de obra.
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