Muchas veces, cuando se habla de políticas culturales, se hace referencia a una suerte de centralidad de las expresiones artísticas como el lugar de la realización cultural. Este fue uno de los debates centrales de finales del siglo pasado e inicios de este siglo, cuando se debatían políticas culturales y cuando nos hemos encontrado en la discusión de la nueva Constitución Política del Estado: se colocaba el tema cultural más allá de esas expresiones artísticas, de la danza, de la música, del cine, de las artes plásticas, de las artes visuales, etc., para colocarlo en una dimensión más amplia al reconocerse Bolivia como Estado Plurinacional, porque el reconocimiento de esa diversidad cultural del país estaba al centro de la configuración del país.
¿Cómo ese tema cultural atravesaba todas las dimensiones de la vida? Porque las culturas, las maneras en que tejemos nuestra pertenencia cultural o aprendemos a vivir en una colectividad cultural, permean todas nuestras interpretaciones de la vida: las interpretaciones de lo político, de las relaciones amorosas y afectivas, las interpretaciones de la economía, del sistema jurídico, de cómo sentimos y pensamos la salud, cómo vivenciamos los procesos de aprendizaje educativos, etc. Todas las dimensiones de la vida configuran ese marco que podemos denominar nuestro sentido cultural, nuestra pertenencia cultural, una suerte de tamiz que nos ayuda a organizar la interpretación del mundo y la vida, pero al mismo tiempo nos da horizonte de sentido; es decir, nos orienta en la manera en que actuamos en el mundo.
Esto es importante porque, a veces, cuando se habla de política cultural, se reduce al campo artístico a un tipo de sujetos. Ese sujeto que se mueve en el campo artístico es importante en esa dimensión cultural porque es a partir de esas llamadas expresiones culturales también que se manifiesta, se evidencia esa complejidad cultural de cómo entendemos el mundo, cómo lo interpretamos, cómo actuamos, cómo nos orientamos para actuar en ese mundo. Y ese campo artístico expresa con mucha evidencia esas maneras colectivas de comprender nuestro campo cultural, pero no es el único.
Estas experiencias influyen en el Estado que administra los recursos, al que damos recursos a través de nuestros impuestos, de la generación de ingresos para el país, de nuestro trabajo productivo y debe transferirlos para la gestión de estas experiencias culturales, porque estas están interviniendo en una dimensión que también interviene el Estado: el cuidado de la población, el cuidado del territorio, el cuidado del bien compartido de los bienes comunes. Y ahí fue parte de nuestra disputa de políticas culturales.
Es interesante mirar cómo la llegada, o sea, el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) generó esta transformación fuerte a partir de la Constitución Política del Estado y la gente que se movilizó más allá del gobierno, en este consenso nuevo de país, planteándonos, como Estado Plurinacional, horizontes del vivir bien, la necesidad de la descolonización, de la despatriarcalización, de una relación más equilibrada con la naturaleza, generó esta suerte de sentido común.
Pero el propio Movimiento al Socialismo, en sus gestiones de gobierno, no logró traducir eso que estaba en la Constitución en sus políticas de Estado, en lo que se denominó el Ministerio de Culturas. Y el Ministerio de Culturas no terminó de modificar seriamente esto que aparecía en la Constitución, este horizonte civilizatorio. Pero, a pesar de eso, estaba, y eso nos permitió una disputa en ese Estado, en ese gobierno, del sentido de lo cultural.
Llegado este nuevo gobierno, el gobierno del señor Rodrigo Paz, esto se desmonta rápidamente. Y, aunque no se ha cambiado la Constitución, se reubica el tema cultural ligado lógicas de mercantilización, de venta del producto vinculado a industrias culturales. Es el único lugar que se entiende el tema cultural y se lo liga, por tanto, a turismo, gastronomía y folclore, esta lógica de folclorización, no es que estemos en contra de las instituciones llamadas folclóricas, pero estas son mucho más que folclore, son de una riqueza cultural más amplia que nos debe colocar en debate el conjunto del país. Al colocarlas reducidas en esta tríada turismo, folclore y gastronomía, se evidencia claramente que el tema cultural es una ayuda o es funcional a la venta de productos.
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