Sajonia-Anhalt es un estado con poco más de dos millones de habitantes. Su capital es Magdeburgo. El 44 o 45 % que obtuvo la AfD en Sajonia-Anhalt fue increíble. Yo diría que fue un shock previsible, porque las encuestas ya mostraban que iban a lograr ese resultado. Por suerte no lograron la mayoría absoluta y ahora están en negociaciones para ver si entran al gobierno o si se forma otro gobierno.
Tenían una campaña que fue la única que le dio a la gente un cierto sentido de esperanza, de algo positivo: “vamos a mejorar sus vidas”. Y eso también tenemos que aprenderlo desde la izquierda. Todos los otros partidos hablaban del cambio climático, de la guerra en Europa y de la crisis económica, mientras que el candidato de la AfD hizo una campaña de marketing: fue a las plazas, a los pueblos y a las ciudades diciendo que, con ellos, de manera muy pragmática, iban a mejorar la vida de la gente.
El conflicto central, como sabemos de muchas extremas derechas, era que la culpa de todo la tienen las élites y los migrantes. Pero quiero destacar dos cosas específicas. Primero, no es solo la AfD la expresión de la derechización de la sociedad, sino también el partido conservador. Friedrich Merz, el primer ministro, ya no es Angela Merkel, que también era conservadora, pero con una orientación liberal, de derecha pero liberal. Friedrich Merz tiene una política de mano dura, claramente antimigración, de polarización social. Él es multimillonario y, en muchos discursos y políticas, está muy cerca de la AfD. Se habla de diferencias, pero de hecho no hay tantas diferencias. Se habla mucho de las reformas del primer ministro y esas reformas son reformas neoliberales y autoritarias.
El segundo aspecto que quiero mencionar es que la AfD gana en toda Alemania, también en el oeste, en Baden-Württemberg y en otros estados. Pero en el este, en la ex RDA, en la Alemania socialista, yo creo que la AfD es más fuerte. Ellos juegan bastante bien con un escepticismo frente al Estado. Treinta y seis años después de la caída del Muro y del fin de la RDA, son capaces de aprovechar ese escepticismo de la gente hacia el Estado y hacia la opinión pública: el Estado quiere imponer algo, durante la crisis del coronavirus quería imponer la vacunación, ahora la opinión pública quiere imponer otras cosas. Y la AfD juega con ese escepticismo.
Podemos observar que en los últimos años, en partes de Alemania del este, pero también en otras partes del país, la palabra fascista, que antes era una denuncia y una crítica, perdió su sentido negativo para muchos votantes de la AfD. Entonces, si ustedes me critican, si el Estado quiere imponer algo y yo voto por la AfD, entonces soy fascista.
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