¿Qué sostiene realmente una sociedad? Cuando pensamos en lo que hace avanzar un país, una comunidad, normalmente hablamos de economía, política, tecnología, producción e instituciones. Pero, mientras más lo pienso, más llego a una idea: nada de eso existiría si antes alguien no hubiera cuidado de algo.
Todos llegamos al mundo porque alguien nos sostuvo cuando no podíamos sostenernos solos. Alguien nos alimentó, alguien nos acompañó, alguien nos enseñó, alguien estuvo presente para nosotros. Sin embargo, vivimos en una época en la que aquello que sostiene la vida muchas veces permanece invisible.
Por eso quería hablar de este tema: del cuidado. No solamente como una tarea o una obligación, sino como una fuerza profunda que sostiene el mundo. El cuidado encierra una paradoja: pasó de ser algo imprescindible para la vida a convertirse, muchas veces, en un servicio. Antes estaba integrado a la trama cotidiana de las relaciones humanas; hoy, con frecuencia, lo vivimos en horas contratadas, en términos de eficiencia, prestaciones y costos. Aquello que antes era un vínculo humano se está transformando, poco a poco, en una transacción.
En muchas comunidades en Bolivia, cuando alguien enfermaba, la respuesta no era solamente buscar un servicio médico. Aparecía la familia, aparecían los vecinos, alguien llevaba la comida, alguien ayudaba con los niños o simplemente se sentaba al lado de la persona que estaba sufriendo. El cuidado era una red, no una actividad aislada. Y no es que quiera idealizar esa realidad. Toda sociedad tiene contradicciones y dificultades, y tampoco sé exactamente cómo son hoy todas esas redes. Quizás muchas cosas ya han cambiado, pero esa memoria me deja una pregunta: ¿qué pasa cuando esas redes comienzan a romperse?
Desde hace años vivo en Alemania y he conocido otra forma de organizar el cuidado. He encontrado cosas muy valiosas, por supuesto: el respeto por la autonomía, la importancia de la dignidad individual y la existencia de un sistema de apoyos profesionales, pero también he visto un cuidado mucho más profesionalizado e individualizado. Eso me hizo comprender algo: cuando la comunidad desaparece, el cuidado deja de ser compartido y puede convertirse en una carga privada. Quienes cuidan de los demás, muchas veces, también se quedan solos.
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