Uno de los factores centrales de esta persistencia de colonialidad lingüística es precisamente la ideología lingüística, es decir, las percepciones, valoraciones que tenemos todas las personas y sobre todo las autoridades del Estado sobre en qué lugar de estatus, de conocimiento y de uso darle a cada uno de los idiomas. Entonces, la valoración ideológica de las lenguas y de su uso es lo que centralmente determina el éxito de una política lingüística.
Yo quiero comentarle, por ejemplo, cuando se ha aprobado esta ley de derechos lingüísticos en nuestro país y también su reglamentación en el decreto supremo, ahí me acuerdo que en UDAPE, donde se corta toda propuesta de política pública en el Estado, resulta muy llamativo que en el núcleo del Estado plurinacional los funcionarios de alta jerarquía, abogados que asesoran, decían, cuando se trataba de proponer esta política lingüística y la exigencia de implementación de las lenguas originarias en medios de comunicación, en las universidades y en todo ámbito público y también en empresas privadas de servicio público, su reacción era que no nos pueden obligar a los que no sabemos, que aymara quechua en nuestro caso, no nos pueden obligar a los funcionarios a aprender y menos a hablar. Y decíamos que la Constitución en 2009 exige eso, pero esa exigencia, la Constitución misma está mal, así tal cual. Entonces, en el alma de la burocracia del Estado plurinacional todavía late el alma colonial. Eso es para mí el factor subjetivo, pero con efectos objetivos de la política lingüística y eso se expresa a todo nivel, como decíamos, la ideología lingüística está en los profesores, en los docentes universitarios, está en todo lado.
Ahora, ¿qué hacer frente a eso entonces? Porque convertirnos, los censos de las tres últimas décadas nos muestran eso, de convertirnos cada vez de hablantes nativos, monolingües, hacia el bilingüismo castellano idioma originario, ahora pasar totalmente a la castellanización, eso va a seguir y está así, es una inercia colonial que por todos los esfuerzos no se ha logrado revertir. Entonces eso es una justificación desde la investigación, en este caso desde la universidad, no solamente es recuperarlo como uso cotidiano de comunicación en la familia con los abuelos o en el campo, sino darle este estatus investigativo, científico, filosófico, para mí eso es muy importante y eso es precisamente lo que queremos hacer. Ahora, el otro contexto mundial es otra vez muy terrible para la situación de nuestros idiomas originales, porque lo que se llama el colonialismo lingüístico a nivel mundial hay un idioma central, hasta ahora el inglés, pero seguramente lo va a ir desplazando, no muy lejos, el chino mandarín. Entonces, en segunda instancia hay lenguas regionales como sería el castellano o lenguas europeas en otra región, o el chino mismo en su región, pero muy debajo de eso estarán los idiomas muy locales. Hay una jerarquía que permite incluso para las políticas de bilingüismo e interculturalidad subordinarse a esta jerarquización de los idiomas, eso se va a seguir dando.
Entonces quizás una política que podemos aprender de Europa es que han utilizado para mantener o recuperar en las categorías filosóficas y profundas de la cosmovisión europea y todo su pensamiento, es decir, el griego, el latín. Entonces, ¿por qué no podemos hacer aquí lo mismo? Porque muchas palabras del aymara provienen del aymara antiguo, hay una historia interna del idioma, pero también del puquina, pero también del quechua, incluso del uru, eso está registrado en las toponimias, en las antroponimias. Entonces también me parece que es un campo científico, filosófico, de poder potenciar nuestros idiomas…
Continúa escuchando la conversa con Friolan…
