Esta semana inaugaramos un espacio muy esperado y urgente. Cada miércoles, a las 9:30 AM, nos sentaremos a conversar con nuestrxs compañerxs del Instituo de Terapia e Investigación para Casos de Tortura (ITEI) como un acto de visibilización de un asunto que, en el país, está muy lejos de resolverse: la tortura estatal. El miércoles pasado, Mar de Lejos nos compartió un testimonio familiar muy íntimo y Andrés Gautier acompañó con sus reflexiones sobre la importancia de la existencia de un centro como el ITEI.
Testimonio de Mar de Lejos: Conocí la institución gracias a un evento que sucedió en mi familia en 2011. Mi hermano era egresado de la Academia Militar del Ejército el 2010 y en 2011 empezó a trabajar. En su primer o segundo mes de trabajo, mientras realizaba el curso Cóndor, en Sanandita, durante una práctica de combate cuerpo a cuerpo fue brutalmente golpeado durante ocho minutos de manera inhumana; según la Defensoría fueron ocho minutos de una tortura, que yo puedo calificar como salvaje.
Fue un evento que realmente marcó la vida de toda mi familia, y a mí particularmente. Nos dimos cuenta de que mi hermano, de alguna manera, ya no quería realizar el curso Cóndor. Probablemente era porque, durante sus cuatro o cinco años de formación como cadete, ya había sido víctima de discriminación y racismo. Muchas veces, mientras vivía, me hacía comentarios sobre que no estaba conforme con la forma de actuar de sus instructores, con la formación que recibía y con la filosofía que manejaban ahí. Habían muchos actos que no eran éticos, que no eran correctos. No se trataba de forma igual a todos los cadetes. Eran actitudes que no coincidían con aquella misión que está escrita como filosofía de esa institución, cuya misión es proteger la soberanía del país, brindar seguridad y servir a la patria.
Luego de la pérdida de mi hermano, mi papá presentó la denuncia ante la Defensoría. Las peticiones de mi padre prácticamente no eran escuchadas. El juicio que había iniciado no llegó a buen término y no encontraba la ayuda que esperaba frente a la pérdida de su hijo. Así fue como conocí la institución. Me ayudó bastante y recibí el apoyo que brindan a través de todo el trabajo que realizan.
Representante del ITEI, Andrés Gautier: La idea de la tortura es que se golpea a una persona y se le provocan heridas físicas, pero, es mucho más amplia, porque lo que importa es que afecta a la persona. Los golpes son los primeros actos y, en el caso del testimonio de Mar es en el ámbito militar, por el abuso de poder, golpeando para obtener la sumisión, la obediencia, para castigar. En el ámbito militar se golpea para que se vuelvan fuertes. Es un juego muy peligroso y, en general, queda callado.
¿Cuáles son los tipos de tortura? Primero están los golpes, pero hay otros: exponer al frío, atar a una persona. Hablando del ámbito militar, por ejemplo, atar a una persona durante toda una noche a un palo, poner perros cerca de ella amenazando con atacarla, no darle de comer, no darle de beber, amenazar con hacer daño a otra persona de la familia. Del lado de la policía, es más frecuente cuando las personas están en procesos judiciales. Se les dice: «Si no hablas, vamos a hacer daño a tu esposa, a tus hijos», es decir, amenazar con atacar a otra persona. Otros métodos son, naturalmente, el aislamiento. El aislamiento permitido es máximo 48, pero, si se quiere castigar a alguien, se lo aísla mucho más tiempo de lo permitido, provocando situaciones de angustia y también de claustrofobia.
Entonces, la creación de un centro para personas afectadas por la tortura es un acto de institucionalización. Al crear un centro se le dice a la sociedad que esa es una realidad que existe. Muchos decían: «¿Por qué un centro, un instituto de terapia e investigación sobre las secuelas de la tortura y Violencia de estado? ¿Para qué, si estamos en democracia?». Es decir, el título ya interpelaba, e interpela hasta hoy.
Al inicio, incluso la Unión Europea, cuando creamos el ITEI, nos dijo: «Pero no pueden hablar así directamente de tortura y malos tratos». Dijimos que sí, porque esa es la realidad que muchos Estados democráticos quieren negar. En Bolivia hubo un momento de reconocimiento de que existía ese problema, era tan evidente que por lo menos se reconoció que había un problema no resuelto.
Entonces, la institucionalización implica que, si se quiere callar el tema para que no se hable más de él, se buscará eliminar esos centros, lo que no ha ocurrido aquí en Bolivia. Pero lo que sí ha ocurrido, por ejemplo, es que Occidente, Estados Unidos y Europa, han recortado los fondos destinados a las Naciones Unidas, que ahora apenas sobrevive en materia de derechos humanos. Este año, por ejemplo, no hemos recibido fondos voluntarios para las víctimas de tortura de Naciones Unidas. Esto quiere decir que esos países democráticos de Occidente atraviesan un profundo deterioro en materia de derechos humanos y que la mejor manera de evitar que se hable o se vea esta realidad es tratar de eliminar esos centros que, justamente, cumplen una función de denuncia.
Continúa escuchando la conversa con Mar de Lejos y Andrés:
