ALGUNAS REFLEXIONES Y APRENDIZAJES SOBRE LAS MOVILIZACIONES EN BOLIVIA. Escuchamos a Mario Rodríguez

En los primeros ocho meses del gobierno de Rodrigo Paz se produjo una rápida escalada de conflictos y movilizaciones sociales por consecuencia de distintas medidas gubernamentales. Las protestas fundamentales fueron contra el Decreto 5503, que fue abrogado tras las movilizaciones de diciembre y enero, y la marcha campesina e indígena contra la Ley 1720 de reconversión de la tierra, que recorrió más de treinta días desde la Amazonía hasta La Paz. A partir del 1 de mayo, diversos sectores convocaron huelgas y bloqueos, destacando un bloqueo de caminos que se prolongó por más de cincuenta días en todo el país. Mario Rodríguez nos comparte algunas reflexiones:

Seguramente hay muchos más elementos que podríamos recoger como aprendizajes, elementos que nos alimentaron, que generaron esperanzas y que mostraron aspectos vigorosos del movimiento social, del movimiento popular y del campo popular en su diversidad, en su complejidad y en medio de contradicciones, desconfianzas y fragmentaciones. Pero también hay limitaciones de las cuales podemos aprender.

Una de ellas tiene que ver con preguntarse qué pasaba después de las movilizaciones si no se lograba la suficiente fuerza social para conseguir la renuncia de Rodrigo Paz. ¿Qué pasaba después? ¿Cuál era la estrategia de negociación si no se alcanzaba ese objetivo central que, aunque no fue la demanda inicial, se convirtió rápidamente en la demanda principal, casi única, durante la movilización? Y, por otro lado, ¿qué pasaba si finalmente Rodrigo Paz renunciaba? ¿Cuál era la propuesta para después de esa renuncia? Ese sigue siendo un camino que todavía toca recorrer. Sin duda, en el escenario final de las negociaciones y de ciertos acuerdos generados por algunos sectores reaparecieron desconfianzas y la posibilidad de aumentar la fragmentación de las organizaciones. Ese es un tema sobre el que se necesita conversar, debatir y hacer una evaluación de lo ocurrido, para que no se diluyan los logros notables que tuvo esta movilización.

Si bien hubo presencia de sectores obreros, aunque escasa, y también de sectores urbanos, especialmente a través de las juntas de vecinos, los sectores gremiales y la gente que se denomina autoconvocada, todavía hay que tejer una articulación más profunda y más sólida desde esa diversidad y desde las autonomías de las organizaciones, particularmente en la relación entre el campo y la ciudad. El gobierno y la estructura mediática empresarial jugaron una estrategia muy intensa de división y separación entre el contexto rural y el contexto urbano. Hubo aproximaciones y se lograron algunos avances, pero fueron insuficientes. Se necesita una mejor estrategia para dar continuidad a esas complementariedades, a ese abrazo entre el campo y la ciudad.

Eso también nos lleva a un debate sobre la propia noción del bloqueo de caminos y de la histórica lucha mediante los llamados cercos, retomando la enseñanza del movimiento liderado por Túpac Katari y Bartolina Sisa con el cerco a La Paz, que sigue siendo una de las estrategias fundamentales de lucha del campo popular por su impacto en la vida cotidiana y por la fuerza política que genera. Sin embargo, también hay que reconocer que amplios sectores campesinos e indígena originarios movilizados en los bloqueos tienen hoy un pie, a veces un pie y medio, en el espacio urbano. Eso configura redes distintas, porque gran parte del sector campesino ya no vive solamente de las labores agropecuarias, sino que también está vinculado al transporte, al comercio, a la construcción, a la artesanía y a otros niveles de profesionalización. Muchos desarrollan trabajos independientes o relaciones laborales en las ciudades y participan en otros campos de actividad. Al mismo tiempo, esas personas continúan vinculándose y adhiriendo a sus organizaciones por su pertenencia campesina, indígena y originaria. Eso es muy importante porque fortalece el sentido de pertenencia y la capacidad de movilización de esas organizaciones, aunque sus vidas transcurran también en espacios urbanos.

Tal vez el aprendizaje más importante estuvo presente desde el inicio de la movilización amazónica del país, que planteaba propuestas integrales para la vida en la Amazonía.se proponía una mirada integral para la reproducción de la vida. Y detrás de esa claridad sobre las razones por las que se pedía la renuncia de Rodrigo Paz aparecían también elementos de discusión y reflexión dentro del movimiento campesino e indígena. Algunos de ellos quedaron reflejados en los intentos de acuerdos con el gobierno, tanto por parte de la Central Obrera Boliviana como de la Federación Túpac Katari de La Paz, donde se planteaba un mínimo de propuestas para el país, una especie de programa básico sobre aquello que se quería frenar del gobierno de Rodrigo Paz.

Se trataba de un gobierno identificado con los intereses de las élites agroexportadoras, especuladoras y acaparadoras de tierras, del sistema financiero y bancario, de la construcción, de la expansión minera, del deterioro y la devastación de la naturaleza, así como de una subordinación a los intereses imperiales de Estados Unidos y de su alianza con gobiernos de extrema derecha que, en todo el continente, impulsan el saqueo de las riquezas de nuestros países en beneficio de las corporaciones transnacionales, del enriquecimiento de los sectores ligados al poder y de sistemas de corrupción.

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