EL TRABAJO DESDE LAS CONCENTRACIONES URBANAS. Conversamos con Mario Rodriguez

El impacto es dramático e inmediato. Estamos viviendo justamente un exacerbado proceso de neoextractivismo y de ocupación de nuestros territorios en función de la extracción de estas materias primas básicas que generan hoy riqueza y disputa en el mundo, que lleva a las guerras y que en nuestros países se expresa en la pérdida de sectores de empleo directo. Es decir, la generación de empleo cada vez es menor en nuestros países, lo que lleva a la gente a intensificar eso que se ha denominado emprendedurismo: generar sus propios negocios, sus maneras de sobrevivir y la oferta de servicios, que incluye desde sistemas de reparto como Pedidos Ya, para servicios o sistemas de transporte vía Uber y otros aplicativos.

Eso que se ha denominado uberización de la vida, o poner en alquiler un pedazo de tu casa por sistemas de plataformas como Airbnb, por poner algún ejemplo, aparece como mecanismo de generación de ingresos, porque el empleo ya no alcanza para resolver la vida. Pero además el empleo se precariza en términos salariales y las nuevas normativas, como las reformas de Milei o las reformas que está aplicando Novoa o que empuja Bukele, Novoa en el Ecuador, Bukele en El Salvador, llevan a precarizar el sistema de empleo.

Recuerden ustedes una reunión del presidente Rodrigo Paz con la Central Obrera Regional en Cochabamba, en que el discurso de Rodrigo Paz se centraba en la idea de que lo importante es defender el empleo y hay que reconocer que si se ponen exigentes, más o menos esta era la idea, no dicho con estas mismas palabras, en términos de derechos ustedes van a perder el empleo. Y lo principal, en esta situación, es reconocer la crisis de generación de empleo y sostener el empleo.

¿Eso qué significa? Es lo que pasa con la reforma laboral de Milei: aumenta las horas de trabajo sin necesidad de pagar horas extras, facilita los mecanismos para el aumento de horas de trabajo hasta doce horas diarias, facilita los mecanismos de despido de las personas frente al empleo para que el empleador no pague tantos beneficios o se aceleren los procesos de despido. Se flexibilizan los contratos laborales, se achican los aportes hacia el sistema de salud, entre otras cosas.

El discurso básico, y eso ha ocurrido en otras fases de la humanidad también, pero hoy en un sistema globalizado aparece mundialmente articulado, es que en ese escenario de crisis económica lo mínimo que tienes que hacer es defender el empleo. Y si tienes empleo y salario, así sea precarizado, siéntete afortunado, siéntete afortunada, porque tienes un ingreso seguro. Entonces al resto de la gente se la lanza al mercado.

Al no tener sistemas de producción y por tanto no haber generación de empleo básico, la gente tiende al rebusque, a cualquier actividad, y entonces todo se convierte en emprendedurismo, en posibilidad de hacer alguna actividad económica extra. Inclusive la gente que tiene empleo y tiene un salario tiene que hacer otros trabajos complementarios. Desde casa, hoy por vía virtual, se pueden hacer trabajos o colocar, si tengo un autito, en un sistema de plataformas para dar servicio de taxi por esa vía, o alquilar un pedazo de mi casa vía Airbnb, o lo que fuera, para generar ese ingreso extra.

Entonces toda la estructura, y mucho más en estos gobiernos de corte neoliberal o ultraliberal que estamos viviendo actualmente, con una carga profundamente conservadora y de derecha, precariza los sistemas laborales y vuelve esto una especie de batalla, una guerra interna entre la gente para sostener un mínimo de empleo.

Se está dispuesto a aceptar la precarización de las condiciones laborales simplemente para sostener empleo. Eso está golpeando profundamente a los espacios urbanos. La gente, para reproducir su vida, ya no requiere trabajar ocho o diez horas al día, necesita ampliar su jornada. Eso ya lo teníamos aquí bastante: gente, por ejemplo, en el sistema de comercio, gente gremial que vende en la calle o tiene su tiendita, que tenía jornadas laborales de dieciséis o dieciocho horas familiares.

Eso se amplía en términos de una masa poblacional creciente que necesita ampliar cada vez más su jornada laboral para lograr reproducir y satisfacer su vida. O sea, junto con la densificación de las formas de extracción y de apropiación de la riqueza de los otros, de los poderes dominantes y hegemónicos en el mundo, esos poderes imperiales y coloniales, al mismo tiempo lo que se produce es una precarización notable y un achicamiento del empleo en los países llamados pobres, como el nuestro.

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