REGISTROS EN PUERTAS DE LA FELCC DE LAS ACOMPAÑANTES DE FAMILIARES DE LAS Y LOS APREHENDIDOS DURANTE LA MOVILIZACIÓN DEL 10 DE JUNIO. Escuchamos a las compañeras

Estamos con varias compañeras realizando el acompañamiento y procurando que las hermanas de las comunidades no se sientan abandonadas aquí en la ciudad, que también puede ser muy cruel. Anoche pudimos ver que existe mucha incertidumbre por todo lo que está sucediendo. Hay muy poca información y no se les comunica de forma adecuada cuál es la situación de sus familiares ni lo que realmente está pasando.

Ya son más de 40 días de movilización. Antes de este miércoles 10 de junio ya se habían producido aprehensiones injustas y violentas, además de gasificaciones en varias marchas, donde muchas personas resultaron afectadas, entre ellas personas mayores, guaguas, niños y niñas. Después de lo ocurrido el miércoles 10 de junio, que fue mucho más violento, quisiera pedir a todas las personas que están escuchando la radio que reflexionen sobre lo que está pasando. Hay gente que apoya este tipo de violencias y de aprehensiones, y eso resulta muy indignante. Les pediría que se informen mejor.

Nosotras estamos cerca, acompañando estos procesos, y podemos ver tanto la organización de las comunidades como las formas de cuidado que desarrollan. Por eso, cuando ocurren actos de vandalismo o hechos violentos, consideramos que corresponden a personas infiltradas. Además, ya hemos visto situaciones similares anteriormente, en 2019, cuando también hubo infiltrados policiales.

También escuchamos el testimonio de una compañera que sufrió la represión:

Entonces, el día miércoles nosotros hemos venido con la marcha, hemos bajado. Primero hemos venido las damas, adelante. Las policías se nos han acercado gritándonos insultos, pero no sé en qué momento han lanzado el gas y nos hemos desparramado por todo lado. Esa fue la primera vez. Luego yo corrí hacia una grada y mis compañeros también corrieron cuando llegó el gas. Todos nos dispersamos. Después vino una segunda gasificación, mucho más fuerte. Yo entré a otra calle de gradas y los hermanos corrieron hacia la terminal.

Entonces las policías empezaron a agarrar a la gente sin ninguna consideración. A algunos los pateaban, les daban puñetes y golpes con las armas que llevaban. A mí el gas no me cayó directamente, pero el humo llegó hasta donde estaba. Me quedé medio desmayada y dos jóvenes me jalaron y me hicieron tomar agua a la fuerza. Cuando me recuperé un poco, no sé exactamente qué avenida era, creo que por Villa Pabón, tal vez la avenida Independencia. Hasta allí me sacaron. Yo me senté en una acera, otra hermana en otra y otra más en otra, mientras los demás seguían corriendo.

Después de eso, las policías persiguieron a los jóvenes. Yo veía que algunas no parecían policías como las de siempre. Tenían aretes en las orejas, melenas largas, aunque estaban vestidas con uniforme policial y portaban armas. También vi pasar unas diez motocicletas. En cada una iban dos policías.

Continúa escuchando las declaraciones de las compañeras: