Una estabilidad estratégica, en los términos críticos en los cuales lo planteamos, inclina a los actores con poder global a generar ventajas estratégicas.
Los países potencias emergentes, para tener un peso determinante en la reconfiguración geopolítica, necesitan asegurarse bases energéticas. Los actores mismos, en todos los ámbitos, desde el financiero hasta el político, están jugando su sobrevivencia porque, de acuerdo con una nueva reconfiguración geopolítica a nivel global, todos los poderes van a sufrir una especie de desplazamientos calculados y necesitan algún tipo de salvataje al cual puedan recurrir en el momento en que sea inevitable una transición que todavía no tiene forma definida, no tiene fisonomía definida, pero va a reconfigurar completamente la geopolítica global y la institucionalidad que, desde Bretton Woods, ha hecho posible el mundo unipolar. Y esto tiene que ver con que el capitalismo y su núcleo racional, o de ejercicio de racionalidad, que es básicamente la modernidad en tanto proyecto, ha socavado ya los límites físicos del planeta.
La política es teología secularizada. Y cuando hablamos de la política norteamericana, uno de los poderes más importantes, nos estamos refiriendo a una narrativa teológica que está expuesta en el destino manifiesto y es, básicamente, el componente básico del evangelismo que promueve y exporta Estados Unidos. Por eso se dice que el sionismo, en realidad, no es propiedad judía, sino que ha sido creado por la teología evangelista cristiana. El fundamentalismo cristiano es el soporte metanarrativo de la política de excepcionalismo norteamericana. Y esto está presente cuando uno lee entre líneas, la letra chica de lo que dicen sus representantes. Uno lee que ellos están dispuestos a todo, porque creen, los más fundamentalistas, los milenaristas, que esto va a acelerar el apocalipsis y, con ello, el tiempo del retorno de Cristo.
Pero Estados Unidos ya no posee la capacidad de contener y asegurarse el petróleo, y sobre todo una de las rutas por donde se transporta el 20% del petróleo mundial, además de que los hutíes también han amenazado con cerrar el estrecho de Bab al-Mandab y con esto también se cerraría el canal de Suez, ahí estás comprometiendo el 40% del precio del petróleo. Por eso Estados Unidos tiene a Latinoamérica, sobre todo después de haberse creado el Escudo de las Américas, y tiene decididamente la resolución de apoderarse, en cualquier circunstancia, bajo cualquier pretexto y utilizando todos los medios posibles, de los recursos estratégicos que le brinda esta región.
La CIA y el Mossad en Bolivia están generando las condiciones para apoderarse no solamente del poder cibernético, sino del control y la administración del control de todo un país en base a la digitalización de toda la información que puedan tener, no solamente en el ámbito de las comunicaciones, sino en las redes, la información personal, etc. Y ya está empezando a tejerse esto con corporaciones como Palantir, Pegasus e incluso, ya habló el CEO máximo de Blackwater, que es una de las empresas de guerra paraestatal, o sea, de mercenarios, que han puesto sus ojos en Bolivia.
Porque esa gente también cotiza en bolsa y busca los mejores rendimientos de sus cotizaciones para incrementar sus ganancias y, como su negocio es la guerra, ven en Bolivia un campo bastante fructífero para generar aquello que se denomina el caos constructivo, cuando en realidad es un caos destructivo. Es decir, a Estados Unidos ya no le interesa la mantención del equilibrio estatal a su favor, de sus colonias, sino diseminar básicamente el caos destructivo en toda nuestra región, de tal manera que no solamente estemos condenados, como ya está condenada Argentina, a la deuda infinita, sino que tengamos posibilidades cada vez menores de reconstitución de la soberanía estatal.
Es por eso que los conflictos que están pasando en Bolivia no son tanto por lo que ya ha hecho este gobierno, sino por aquello a lo que nos está conduciendo. Está conduciéndonos a este tipo de anomia estatal.
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