Abelardo de la Espriella es un personaje que expresa una crisis de liderazgos en la derecha tradicional colombiana. A partir del gobierno de Iván Duque, que es el gobierno anterior al de Gustavo Petro, la derecha colombiana empieza a mostrar cierto agotamiento en sus liderazgos.
Por un lado, porque el gobierno de Iván Duque enfrentó un estallido social resultado de décadas de neoliberalismo y de guerra, y también por una carencia de liderazgo incluso en la figura presidencial. A partir de entonces hay cierto agotamiento de sus liderazgos, sobre todo los más cercanos al presidente Álvaro Uribe Vélez, en parte por el relevo generacional. Hoy es una sociedad más joven y, en teoría, menos conservadora, además de una recomposición de los movimientos sociales. Eso generó un gobierno de Iván Duque con graves problemas para mantenerse y que le abrió paso, sin duda, al gobierno alternativo de Gustavo Petro.
Pero ¿qué pasa si los parlamentarios de derecha, los exalcaldes, los exgobernadores y los políticos profesionales de derecha empiezan a mostrar ese agotamiento? Lo que hace el gran empresariado, lo que hace el propio Álvaro Uribe Vélez, es empezar a buscar liderazgos alternos, liderazgos que no se presenten como parte de la clase política, sino liderazgos diferentes, pero enteramente alineados con el discurso de la derecha.
Intentaron algo en esa línea con Vicky Dávila, una periodista muy reconocida, pero que nunca despegó en la intención de voto. E hicieron lo mismo con Abelardo de la Espriella. La fórmula era idéntica: buscar un personaje claramente de derecha, muy reconocido por la opinión pública, pero que no hiciera parte del Congreso de la República ni fuera reconocido como político tradicional.
Y eso funciona muy bien porque luego lo que hacen es diseñar una campaña para Abelardo de la Espriella como alguien por fuera de la clase política, eso que ahora llaman outsider, gente de fuera del panorama político tradicional, pero muy reconocida por la opinión pública. Y Abelardo es una persona muy reconocida en Colombia porque es un abogado al que le gusta figurar mucho. No es reconocido por ser un buen abogado. Más bien es reconocido porque es un abogado al que le gustan los casos muy mediáticos…
Hay que decir que ha hecho una campaña muy bien hecha desde el punto de vista del marketing político. O sea, se ha comprado toda la receta de Javier Milei, Nayib Bukele, Donald Trump y Jair Bolsonaro, ha gastado dinero en pauta en redes sociales y también en los medios de comunicación tradicionales. En ese orden, hay que insistir en que es una persona que tiene una gran flexibilidad de valores. Hasta hace unos meses se declaraba ateo, ahora se muestra como cristiano, pero siempre ha sido un tipo muy polémico y abiertamente de derecha.
Es un tipo que hace poco acosó en vivo a una periodista, ha perseguido a la prensa y, por supuesto, ha tenido un discurso muy ligado, como tú decías, Mario, a la familia tradicional heterosexual y, por supuesto, blanca. Entonces ahí tenemos una receta muy peligrosa para el país y que poco a poco está tomando fuerza, también muy respaldada en un nacionalismo de palabra, pero que en la práctica está abiertamente alineada con la agenda de Donald Trump y del Israel.
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