LA REPRESIÓN POLICIAL EN BOLIVIA DEL 2003 AL 2026: NUEVAS ESTRATEGIAS DE VIOLENCIA Y SUS SECUELAS HISTÓRICAS. Conversamos con Daniel Manríquez Villagómez y Emma Bolshia Bravo, directora del ITEI

Queremos informar a la población sobre las similitudes que ha habido en 2019 y la represión por parte de la Policía y de las Fuerzas Armadas hacia la población que estaba en protesta y, posteriormente, en los bloqueos en mayo del 2026. Sobre todo queremos hablar de una nueva forma de represión que se está usando cada vez más: el trauma ocular, provocado por disparos de balines de goma, de caucho e incluso, a veces, de bala, directamente a los ojos. Esto puede significar la pérdida total de la visión en un ojo o en ambos.

Policía está violando todos sus protocolos. Hemos visto, por ejemplo, el ataque a varios periodistas y un caso bastante grave, el de Violeta Tamayo, a quien le rompieron el brazo lanzándole un gas lacrimógeno directamente al cuerpo, algo que está prohibido. Quisiéramos hablar de esto porque se está hablando mucho de la violencia que han provocado los bloqueadores y de las muertes que ha habido a causa de su accionar, pero generalmente no se habla de la violencia ejercida por la Policía. Queremos referirnos a estos nuevos tipos de represión porque la gente tiene que saber que dejan secuelas que pueden durar toda la vida y afectar también al núcleo familiar de las personas.

Nosotros conocimos este tipo de represión en 2003, sobre todo en febrero de ese año, cuando hubo el enfrentamiento entre la Policía y los militares a raíz del impuestazo promulgado por Gonzalo Sánchez de Lozada. Ahí, el señor Manríquez contará su caso: a raíz de su trabajo como bombero voluntario perdió un ojo. También atendimos el caso de un estudiante que acababa de salir bachiller y había ido a realizar los trámites para sacar su título e inscribirse en la universidad, en la carrera de Derecho. Al salir de las oficinas recibió un balín en el ojo y también lo perdió. En 2019 atendimos el caso de un joven dirigente de Sacaba que perdió un ojo durante la represión y lo que nos ha preocupado esta vez es el aumento de estos casos. El Defensor del Pueblo habla de cuatro personas afectadas. Nosotros hemos visto un caso, pero él menciona cuatro, incluso el de un niño de ocho años, de Potosí, que también perdió un ojo.

Al actuar así, la policía está violando no solo los derechos humanos y los convenios internacionales, sino también su propio Manual de técnicas básicas de intervención policial…

Testimonio de Daniel Manríquez Villagómez:

Yo trabajaba apoyando a la Policía Boliviana como bombero voluntario aquí en La Paz. Era febrero de 2003 y yo tenía un servicio que empezaba el miércoles y terminaba el jueves en la noche. Justamente empieza a replegarse la Policía, comienzan los enfrentamientos, apedrean el Palacio Quemado y ahí es donde ya se presentan varios heridos.

En el cruce de gas lacrimógeno entre policías y militares porque, al replegarse la Policía, entra directamente el Ejército, llegamos apoyando como bomberos de la Policía. Yo estaba colocando el cordón de seguridad en la Plaza Murillo para que la gente ya no ingresara y ahí sufro tres disparos: uno en el antebrazo izquierdo, que tuvieron que amputármelo, pero finalmente se pudo recuperar; otro en el pecho, donde recibo diez perdigones, en el antebrazo fueron veintiuno, y un disparo de francotirador que me da en la cara. El disparo entra por encima de las cejas, revienta el globo ocular, el pómulo, el maxilar superior y el piso de la órbita. También pierdo piezas dentarias, la audición del oído derecho y el proyectil sale por la quijada. A raíz de esa lesión me realizan la enucleación del ojo derecho y lo pierdo totalmente.

Fui trasladado al Hospital de Clínicas. Ingresé primero a una operación de cirugía maxilofacial que duró aproximadamente trece horas. Yo permanecía en el área de oftalmología, por lo que no era muy visible para las autoridades o para derechos humanos. Cuando terminaron las cirugías y empecé el tratamiento de recuperación, no hubo ninguna autoridad que me visitara, salvo los bomberos de la Policía. Es ahí donde llega el ITEI, porque se enteran de que había un herido en el área de oftalmología. Ahí toman contacto conmigo y empezamos a conocernos. Ellos comienzan a brindarme ayuda psicológica y también apoyo con medicamentos…

Durante 27 años me conocí de una forma, pero después del disparo, al verme la cara desfigurada, al ver que ya no era el mismo, no podía reconocerme. Yo ya era otra persona físicamente. Empieza por ese tema, empiezan los dolores, las neuralgias, el impacto físico y personal, el no reconocerse. Como vuelvo a mencionar, también está el tema psicológico. El ITEI formó una parte muy importante en mi vida porque me ayudó psicológicamente a superar todo esto, pese a que tengo un estrés postraumático por todo lo que pasó. Básicamente no duermo, duermo muy pocas horas.

El lado social afectó totalmente a mi familia: a mi mamá, a mi papá, a mis hermanos, sobrinos y tíos. El entorno de amigos también quedó muy afectado. Mis amigos, mis hermanos bomberos, mis hermanos de fuego, vieron todo lo que pasó. En el entorno social muchas personas pensaban que yo era un delincuente porque tenía las heridas y luego las cicatrices muy marcadas en el rostro. Y el lado cultural también es difícil. Ya hablamos del lado social, pero el lado cultural tiene que ver con que uno no enseña a sus hijos cómo reaccionar ante una persona con una determinada deficiencia física. Muchas veces los papás, en vez de educar al niño, simplemente le dicen que se calle, que no mire. ¿Por qué? Porque no le enseñan a aceptar al resto de las personas.

Continúa escuchando la conversa con Daniel y Emma: