Por: Red de la Diversidad Redacción: Mario Rodríguez Ibáñez
1. COMUNIDADES URBANAS: CONVERSACIONES Y APRENDIZAJES La comunidad, lo comunitario está presente en los discursos y las prácticas de cada equipo local de la Red de la Diversidad. Somos parte de dos articulaciones nacionales y continentales: Cultura Viva Comunitaria y el Frente de Resistencia Urbana. Es decir, lo comunitario hace a nuestra propia constitución. También lo hace en cuanto personas. La gente que integra nuestra Red proviene de experiencias comunitarias en sus familias, en sus barrios, en sus relaciones. Es que realmente se hace difícil encontrar en el país, más en sectores populares, personas o gentes que no tengan algún tipo de vínculos comunitarios. Sin embargo, esas vivencias comunitarias adquieren singularidades y peculiaridades en contextos urbanos, donde el mismo contexto parece ir a contrasentido de la comunidad. Es más, los tiempos contemporáneos vienen cargados de políticas y desplazamientos del capital que erosionan aún más la vida comunitaria. Por ello, sentimos la importancia de conversar y profundizar sobre lo comunitario en las ciudades, sobre las comunidades urbanas, sobre nuestras experiencias y nuestros sentidos de trabajo. Aquí la sistematización de esas construcciones colectivas.
1.1. LO COMUNITARIO MÁS ALLÁ DE LO INDÍGENA RURAL: ¿COMUNIDADES URBANAS O FORMAS COMUNITARIAS EN LA CIUDAD?
Cuando se habla de las comunidades o de lo comunitario, inmediatamente la referencia inicial es la comunidad indígena rural. Esto es evidente, ya que las formas comunitarias hacen referencia a modos ancestrales de vida. En general, las diversas civilizaciones que pueblan el mundo, se han configurado a través de formas comunitarias de convivencia como mecanismos adecuados y eficientes para resolver temas concretos como la provisión de alimentos y agua, el cuidado colectivo de los integrantes de la red, la protección del territorio necesario para su reproducción, el afecto y otros. Son, por tanto, los pueblos llamados indígenas, quienes han sostenido formas comunitarias de vida, en la medida que ellas se han ido configurando cada vez más complejamente para responder adecuadamente a las exigencias de la regeneración de la vida en distintas dimensiones de la misma. Y este es un elemento clave que no hay que olvidar, ya que muchas veces se asocia la comunidad o las formas comunitarias a una suerte de estado de “desarrollo” de las civilizaciones del pasado ya que sería parte de modos de vida simples que no darían cuenta del mundo contemporáneo y su dinámica de vida. Sin ser el tema de este documento, lo que encontramos en nuestras propias prácticas familiares ligadas a esa matriz comunitaria, son procesos cada vez más complejos de relaciones y mecanismos de convivencia para dar cuenta de las múltiples dimensiones de la vida y sus necesidades de regeneración (economía, producción, salud, tierra, agua, gestión de las decisiones y acuerdos, alimentación, ritualidad, fiesta, organización del hábitat, etc), de las diversas relaciones al interior de la comunidad que deben ser cuidadas, atendidas y resueltas en casos de conflicto (distribución y uso del agua y la tierra, formas de designación de autoridades y responsables de tareas para el beneficio común, así como mecanismos para evitar la acumulación del poder, regulación de la fiesta y los posibles excesos, cuidado y amparo de las personas en situaciones de peligro, violencia y/o precariedad, mecanismos de redistribución en caso de generarse desequilibrios muy pronunciados entre las familias e individuos de la comunidad, cuidado del hábitat para garantizar la sostenibilidad de vida, organización de espacios compartidos de disfrute y juego como proceso de comunalización o de aprendizajes para la vida en comunidad, etc), de las relaciones de complementariedad y de resolución de conflictos con otras comunidades (resguardo y cuidado del hábitat común más amplio y uso del mismo, definición de linderos o de territorios comunes e inter penetrados así como su uso, gestión compartida de bienes comunes como el agua, trazado y cuidado de vías de comunicación, espacios festivos mayores y compartidos, formas organizativas de la representación o del cumplimiento de mandatos en territorios mayores, etc), e incluso del establecimiento de relaciones con otras formas societales no propias y expresadas en el Estado y el mercado (relaciones con intermediaciones económicas para la venta de sus productos agropecuarios básicos, llegada de proyectos económicos de comercialización o turísticos por ejemplo, demandas de cambio en sus sistemas de producción y el tipo de cultivos o crianzas tradicionales, intromisión de semillas transgénicas y pérdida de las variedades locales, formas de autoridad y mecanismos de elección diferentes a su tradición, incorporación de partidos políticos en su dinámica propia, proyectos de gran envergadura que van desde infraestructura vial hasta energía para el abastecimiento más allá de la comunidad, etc). Así, las comunidades requieren ser capaces de permanentemente actualizar sus formas de regulación de sus relaciones hacia adentro de ella, de ella con las otras comunidades y de ella con el Estado y el mercado. Se trata de una complejidad muy amplia, que debe ser contemporánea constantemente si quiere garantizar la reproducción de la vida para todos los sujetos integrantes de la misma. Por tanto, no se ancla en el pasado, sino que se es constantemente contemporánea si se quiere vivir, pero además debe ser eficiente en esa contemporaneidad, sino simplemente se abandona por no ser útil para la vida.

