En estos cuatro años el partido de gobierno ha demostrado ser muy disciplinado, ha sido muy unido en torno a la figura también del presidente, a pesar de los devaneos, los caminos y las múltiples navegaciones de Gustavo Petro en el poder, en torno a una fuerte apuesta por la profundización de reformas estructurales en salud, pensión y laboral. Esas fueron apuestas que la gente se apropió, versus unas tensiones y unas faltas de claridad, tal vez, o unas apuestas no necesariamente de la izquierda en torno a la paz, la política de drogas y las relaciones con Estados Unidos, que fueron muy cercanas con Joe Biden y que en el escenario de Donald Trump tuvieron una suerte de tensiones que se volvieron a encauzar y articular desde la crisis de la desertificación en octubre del año pasado.
Con esas dos cosas juega el gobierno de Gustavo Petro: una fuerte construcción de conciencia sobre las garantías de derechos en la ciudadanía, que ha sido un avance muy importante. Son reformas que no se lograron, porque también la derecha impidió esas reformas, pero por otro lado hubo un acercamiento muy fuerte con Estados Unidos, con las agencias de inteligencia y con el programa de gobierno, por ejemplo, de política de drogas…
Llegamos ya al fin de los cuatro años y tenemos varios escenarios. Primero, un campo popular unido en torno al Pacto Histórico, que renueva con fuerza en el Congreso. No son mayoría, pero tienen fuerza en el Congreso, logran más escaños que la vez pasada y un partido unido. Hay que decir que se ha logrado consolidar un bloque de congresistas y un partido oficialista unido, también con un candidato, Iván Cepeda. Pero, por el otro lado, hay un bloque de derecha que empieza a configurarse desde principios del año pasado en cuatro candidatos. Tenemos a la candidata Paloma Valencia, muy unida a la derecha tradicional uribista. Abelardo de la Espriella, que es un abogado que ha tenido relaciones con paramilitares y narcotraficantes, es como nuestro outsider Milei.
Tercero, Miguel Uribe, que era un candidato también de la derecha tradicional, que es asesinado el año pasado a mitad de año. Y cuarto, otros candidatos pequeños y menores en ese espectro, por ejemplo, María Fernanda Cabal, que también hace parte de una derecha tradicional uribista muy fuerte, pero que en ese proceso de consolidación de la derecha empiezan a dividirse. Hay una característica y es que la derecha está muy dividida, y eso se puede ver en procesos muy similares a los que se han visto en otros países, como estas derechas emergentes muy cercanas al populismo mediático, digital, a la construcción de un marketing político, y una derecha tradicional muy pegada a Álvaro Uribe Vélez…
El movimiento social de la izquierda, la composición del Congreso, logra ser una fuerza en las calles mucho más fuerte que la derecha, en el sentido de una contraposición y de un movimiento social que viene de un estallido social. Y eso no podemos olvidarlo. Digamos que la sociedad colombiana sí ha cambiado en su reflexión, en su conciencia de clase, en su conciencia latinoamericana. Estamos en otro momento que, al contrario, hasta el gobierno pudo haber represado en la fuerza.
Entonces, para empezar, sean los resultados que sean, hay una fuerza popular muy fuerte y eso ya es un logro enorme.
Segundo, eso se disputa hasta el último momento. Por supuesto, la apuesta del candidato Iván Cepeda es ganar en primera, porque eso impide que ocurran cosas como lo que ocurrió en Chile, que las fuerzas de la derecha se unan y ganen finalmente por un estrecho margen.
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