“CUERPOS, PANTALLAS Y ALGORITMOS: SEXUALIDAD DIGITAL EN ADOLESCENTES Y JÓVENES Y SU RELACIÓN CON LA VIOLENCIA DIGITAL EN BOLIVIA”. Conversamos con Yésica Velarde

Esta investigación se hizo para poder visibilizar cómo los jóvenes y adolescentes, porque está destinado a este grupo etario, ejercen su sexualidad y cómo ese ejercicio de la sexualidad está muy vinculado a los hechos de violencia digital.

En ese marco, nosotras hemos investigado y también hemos preguntado a los jóvenes qué está pasando con su sexualidad en internet y cómo ese ejercicio está incidiendo en hechos de violencia. La investigación ha arrojado varios resultados muy vinculados a cómo la violencia digital, por ejemplo, está siendo naturalizada en los espacios digitales.

El 63 % de adolescentes y jóvenes que envían fotos íntimas, es decir, de contenido sexual, señalan que una vez enviadas esas fotos deben asumir las consecuencias. De alguna manera indican que probablemente puedan ser víctimas de violencia. O sea, cuando seis de cada diez jóvenes mandan una foto, lo hacen con la duda de si se va a filtrar o no. Entonces no hay una certeza o una seguridad cuando lxs jóvenes envían ese tipo de fotos.

Además, un 41 % de adolescentes y jóvenes ha recibido fotos de contenido íntimo sin haberlas pedido. Imagínense que tú estás navegando y alguien, sin tu permiso, te manda fotos de sus partes íntimas, fotos sexuales o videos sexuales. Eso, más allá de ser una incomodidad, también forma parte del problema de la violencia digital.

El 34 % ha experimentado acoso sexual en línea y un 16 % ha sido víctima de sextorsión: alguien los estaba amenazando con publicar su contenido íntimo. Un 10 % ha sufrido de deepfake: alguien ha editado fotos con inteligencia artificial u otra tecnología para crear contenido íntimo y hacerle daño. Y un 5 % ha tenido su contenido íntimo difundido en plataformas.

Esos son algunos de los datos más resaltantes que podemos destacar en relación con la violencia digital. Pero también hay otros datos que muestran, por ejemplo, que las víctimas no piden ayuda a las autoridades, a la Policía, o que tampoco buscan generar algún mecanismo de defensa. O sea, me pasó, cargo con la culpa, cargo con la vergüenza, pero muchas veces el agresor queda en la impunidad, aprovechándose precisamente de todo lo que está pasando hoy en día con nuestra sexualidad.

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