¿CÓMO NOMBRAMOS LA VIOLENCIA EN ESPACIOS DIGITALES?: EL TRABAJO DE CIBERWARMIS A PROPÓSITO DE LA RED DE EXPLOTACIÓN SEXUAL INFANTIL ENTRE BOLIVIA Y FRANCIA. Conversamos con Jessica Velarde

Parte de nuestro rol también es aportar otra narrativa a lo que se va hablando porque, en nuestro país, muchas veces se deja llevar por tendencias políticas y sociales. Efectivamente, este hecho fue muy público y, asimismo, revela lo que existe en el país. No es el único caso; hay muchos casos similares, pero lamentablemente no se habla mucho de ellos. Entonces, cuando se llega a abordar esta problemática es una oportunidad para informar y también para posicionar posturas de rechazo frente a estas conductas que se encuentran naturalizadas.

En el ánimo de informar, hemos notado que varios medios hablaban de una «red de pornografía infantil», y ese término, como tal, no corresponde. Primero, invisibiliza la magnitud de la problemática y, segundo, revictimiza, porque estás poniendo a una niña, un niño o un adolescente en una categoría donde pareciera que hubiera sido, de alguna manera, culpable de su propia situación de violencia, precisamente por las connotaciones que tiene el material pornográfico. El material pornográfico es todo material de contenido sexual que se ha generado con el consentimiento de una persona. Existen industrias millonarias que generan material pornográfico y hay artistas e influencers muy conocidas precisamente por dedicarse a esta actividad.

Sin embargo, cuando un niño, una niña o un adolescente es utilizado para generar material de contenido íntimo, no se le puede atribuir consentimiento. Un niño, una niña o un adolescente no puede dar consentimiento. No existe consentimiento. Muchos agresores sexuales, no solamente en hechos de violencia sexual en el ámbito digital, dicen: «No, ella quería» o «yo le he pagado»,»Ella se me ofreció».

Entonces, es importante aclarar esto, porque también nos sirve para generar una narrativa preventiva. En menores de 18 años no existe el consentimiento. Por más que te diga: «Yo quiero filmar» o «yo quiero mandarte este material», es un delito en nuestro país y también en todos los países cuando se trata de menores de 18 años. Y si eres mayor de 18 años y te han filmado sin tu consentimiento, también es un delito.

Entonces, llamar pornografía a un hecho que constituye violencia sexual lo que hace es minimizar el problema. Además, pone el foco en el material y no en el agresor, ni en la conducta, ni en todos los operadores que realmente han actuado de manera articulada para vulnerar el cuerpo de niñas, niños y adolescentes.

Como este caso también nos ha revelado, no es un hecho que solamente se dé en nuestro país. Traspasa fronteras a través del uso de medios digitales y es altamente lucrativo, porque estamos hablando de que, para muchas personas, tal vez 50 bolivianos sea un monto menor; sin embargo, hay miles y miles de personas que se suscriben. Entonces, ahí te das cuenta no solamente de la masividad, sino también de lo lucrativo que es. Esos son los puntos que deberían ser el foco de atención, y no utilizar el término «pornografía infantil» sin dimensionar la magnitud del problema al que realmente nos estamos refiriendo…

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