La importancia que tiene ahora la reunión anual de la ONU pasa también porque es el último año de António Guterres al frente de esta organización como secretario general. Y, obviamente, el discurso que dio respecto a las petroleras, al decir que utilizan la atmósfera como un vertedero a cielo abierto, retumbó muchísimo en la sede de Naciones Unidas. Evidentemente son declaraciones y, en apariencia, se quedan ahí, pero anticipan lo que va a ser la Conferencia de las Partes (COP 31). La primera fue a principios de los años noventa y esta se realizará en Turquía.
A la luz de lo que ya está sucediendo, y de lo que ya habíamos hablado sobre el aumento de 1,5 grados de temperatura, aquí entra el tema del fuego. Sin duda vamos a hablar de calentamiento global, porque el tema es el calor. Hay que tomar en cuenta que el calentamiento global no significa solamente que la temperatura esté subiendo. En realidad, significa que se ha alterado la regulación y gradiente térmica del planeta, es decir, la distancia entre los extremos de frío y calor. Veranos mucho más calientes, inviernos mucho más fríos, temporadas de lluvias muy intensas con inundaciones y, pocos meses después, sequías.
Ese desajuste de la regulación es lo que significa el cambio climático. Ese aumento de 1,5° va a ser uno de los temas principales de la COP 31 en Turquía, además de los domos de calor. Ya no queda espacio para el negacionismo. Ya no cabe que las empresas sigan diciéndonos que el cambio climático no existe, cuando estamos viendo fenómenos tan descomunales y cuando ya hemos rebasado ese umbral de 1,5° de temperatura.
Los casquetes polares se han derretido de manera acelerada. Del año 1979 al 2007, el hielo del Polo Norte se redujo aproximadamente a la mitad. Es un avance descomunal. ¿Por qué ocurre esto? Porque esas superficies de hielo, al ser blancas, reflejaban parte de la radiación solar hacia el espacio. Una parte de la radiación entra al planeta y otra debería salir, pero al derretirse el hielo ya no se refleja de la misma manera. Esa energía queda atrapada por los gases de efecto invernadero, rebota y vuelve a calentar el planeta, lo que derrite todavía más los polos.
Eso ya no se puede negar. No sirve de nada seguir generando ganancias si al mismo tiempo se sigue afectando a la población, sobre todo por la migración climática. Se calcula que los desastres climáticos han provocado alrededor de 50 millones de desplazamientos de personas por migración climática. Esto se acumula a los desplazamientos de años anteriores y está asociado, principalmente, a los calores extremos, al estrés hídrico y al estrés agrícola, es decir, a la falta de agua y a la pérdida de productividad de las cosechas.
Hay otro fenómeno muy importante que quiero mencionar, porque está relacionado con el fuego: el fenómeno de isla de calor. En las ciudades donde hay demasiado cemento, donde no hay árboles ni espejos de agua, se produce este efecto de isla de calor, que eleva la temperatura hasta dos grados centígrados por encima de la temperatura normal del ambiente. Esto ocurre en muchas ciudades sin planificación, donde no se concibe la presencia de árboles, no hay cuerpos de agua y el asfalto ha cubierto la mayor parte del territorio.
Ese efecto de isla de calor, sumado al Niño Godzilla y al cambio climático, está provocando que las ciudades se conviertan en un horno. Acaba de ocurrir en la India, con temperaturas de hasta 55°, donde por la noche la temperatura casi no baja y la gente duerme en terrazas y azoteas porque el calor no termina. Entonces, hay mucho por hacer en nuestras ciudades y, por supuesto, en el planeta en general.
Continúa escuchando la conversa con Pablo:
