LA TIERRA: EL NIÑO GODZILLA ENTRE SEQUÍAS Y ESCASEZ DE ALIMENTO. Conversamos con Pablo Mansilla

Lo que ha pasado esta semana es justamente eso: la gran meta del Acuerdo de París, que era el último objetivo que teníamos a nivel planetario para detener el cambio climático, se acaba de romper con la noticia de que la ONU anuncia que ya se alcanzó 1,5 grados de temperatura. Esto marca el inicio de escenarios inesperados. Se están adelantando por lo menos diez años los escenarios que se estaban planteando y, obviamente, es un punto de no retorno.

Esto, como dijimos la anterior vez, no tiene que ver directamente con el fenómeno del Niño, sucede eventualmente, pero sí lo agrava y sí se suma. Si el Niño está calentando el mar 3,5 grados, o va a llegar a esos puntos, con el 1,5 grados aceptado por la ONU ya tenemos 5 grados de temperatura.

Pero hoy hablaremos específicamente sobre las tierras. El problema comienza con “Revolución Verde”, que es este gran cambio que plantean desde Naciones Unidas, desde las empresas y desde el poder mundial, más o menos desde la década de los cincuenta hasta los ochenta, fue el momento en que empezaron a introducir semillas “mejoradas”, decían ellos, que en realidad eran semillas transgénicas, además del uso de agroquímicos, la tecnificación, el riego y la maquinaria.

La Revolución Verde ha traído consecuencias nefastas para toda nuestra agricultura: ha dañado los suelos, ha contaminado el agua, ha reducido la variedad de plantas y ha dejado en desventaja a los campesinos, porque no pueden pagar estas tecnologías. Nosotros hemos trabajado cerca de Caranavi y los campesinos, que son cafetaleros, nos han manifestado que ya no pueden acceder a los agroquímicos porque han subido de precio.  El estrecho de Ormuz, donde está el conflicto entre Estados Unidos e Irán, ha sido cerrado y por ahí no solo pasa petróleo, sino también una tercera parte de los fertilizantes químicos del mundo. Entonces, esto ha alterado el mercado de los fertilizantes y, como nosotros importamos alimentos y fertilizantes, evidentemente el precio se les ha duplicado. Eso ya afecta directamente al bolsillo.

Ya hablamos también de las semillas nativas, de las variedades criollas que pertenecen a comunidades campesinas y que no tienen patentes industriales. Hay toda una industria para patentar las semillas y convertirlas en propiedad intelectual.

Todo eso conforma el tema tierra y también la crisis alimentaria a la que nos estamos enfrentando. Si los fertilizantes han subido de precio, llega el momento de la siembra con menos agua y se van acumulando los problemas. También se suma la ingobernabilidad, un gobierno corrupto e incapaz, que es muy probable que salga por sus propias contradicciones y casos de corrupción. Entonces, es la tormenta perfecta.

Ahí es donde queremos incidir, no personalmente, sino como colectivos. Necesitamos hacernos fuertes y encontrar soluciones prácticas en conjunto, pero sin descuidar, siempre lo digo, el discurso político de fondo: quiénes son los responsables y a quiénes tenemos que señalar para que estas cosas realmente cambien.

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