EL CAFÉ DEL EDÉN, UNA ALTERNATIVA FRENTE A LA PRECARIZACIÓN DE LA VIDA: ESPACIO DE FORMACIÓN PARA LAS JÓVENES EN RIBERALTA. Conversamos con Dimelsa Chávez

Riberalta es una pequeña ciudad que está en expansión. Actualmente se sostiene por la explotación de castaña, pero, las condiciones en las que trabajan las familias recolectoras de esta nuez no son las adecuadas, por lo tanto, están expuestas a riesgos físicos. La mayoría de mujeres jóvenes en Riberalta trabajan en la informalidad y esta precarización genera distintos tipos de violencia, una de ellas la violencia familiar. En este contexto, a travesado por una historia de patronaje y discriminación, aparece el Jardín del Edén, un café cultural para jóvenes, Dimelsa Chávez nos cuenta al respecto:

“Hay una precariedad cotidiana, hay escasez de efectivo porque es un trabajo temporal, y esta situación ha sido investigada por otras personas. Han identificado que esto genera tensión familiar y, como consecuencia, violencia y muchas veces abandono familiar.

En este contexto surge este proyecto, el café Jardín del Edén. Este proyecto ha sido creado por una australiana conocida como doña Amy. Ella llegó a Bolivia hace unos cinco o seis años, trabajando en un orfanato como voluntaria, y se quedó en Riberalta tres años, viendo esta problemática.

Observó cómo los niños que ingresaban al orfanato muchas veces eran dados en adopción, y cómo al crecer en otros contextos se producía una pérdida de identidad cultural, especialmente en una región como el Beni, que es muy rica en diversidad cultural. Esta diversidad se pierde cuando los niños son institucionalizados.

Frente a esto, Amy propone su intervención creando primero una fundación, y como brazo operativo el café Jardín del Edén. Este espacio nace también como una especie de réplica de experiencias en Australia, donde existen lugares para jóvenes donde pueden tomar algo y, al mismo tiempo, recibir apoyo y orientación si lo necesitan.

En estos espacios hay personal capacitado que brinda apoyo y, además, funcionan como lugares seguros para que los jóvenes no estén en la calle. Amy identificó que en Riberalta no existían estos espacios, y efectivamente, al recorrer la ciudad, se nota la falta de lugares así.

El café se caracteriza por ser un espacio tranquilo, distinto al entorno de la ciudad, donde hay ruido constante del comercio y las motocicletas. Al entrar, hay una ruptura con ese contexto: es un lugar con aire acondicionado, música, espacio de lectura y wifi gratuito, pensado especialmente para atraer a jóvenes.

A partir de esto, el proyecto se estructura en tres áreas: educación, capacitación y desarrollo personal, y una red de apoyo dirigida principalmente a jóvenes y madres adolescentes en Riberalta. Esto responde a lo que Amy observó en los hogares donde trabajaba: muchas de las mujeres que dejaban a sus hijos eran adolescentes, en contextos de trabajo informal, sin apoyo familiar y en condiciones muy difíciles.

Se trata de una situación marcada por una triple discriminación: por ser mujeres, por ser jóvenes y por ser madres, además de vivir en una región periférica de la Amazonía, cerca de la frontera con Brasil, donde la presencia del Estado es muy limitada en comparación con las ciudades capitales.”

Continúa escuchando la conversa con Dimelsa: