Las nociones con las que actualmente medimos el tiempo, lo calendarizamos, definimos las fechas, marcamos y cuantificamos los ciclos (año, mes, semana…), determinamos los momentos de descanso (vacaciones, fin de semana y días festivos) no es un orden natural, sino una construcción histórica y cultural como cualquier otra.
El calendario que organiza que rige nuestro tiempo es uno construido y mundializado a partir del liderazgo del Papa Gregorio en el siglo XV, por ello se denomina calendario gregoriano. Se rige por los ciclos del sol, pero los movimientos de ese astro tienen marcadas diferencias según el hemisferio y la posición en el planeta desde donde se observa el mismo.
Los llamados solsticios, de junio y diciembre, son momentos claves de ese ciclo en los cuáles se modifica el eje de rotación de la tierra para dar inicio a un nuevo ciclo agrícola, es decir para la regeneración de la vida y la naturaleza. Eso ocurre en diciembre, entre el 20 y el 25, según el punto de observación, para el hemisferio norte. En cambio, para el hemisferio sur lo mismo sucede en el mes de junio; el 21 de junio precisamente para el punto de observación de gran parte de lo que hoy es el territorio boliviano.
