Por: Fernando Orgambides
Ph: Bajo Palabra
La sombra de la censura ha sido larga en México y la matanza de Tlatelolco, de la que hoy se cumplen 25 años, continúa formando parte de la historia muda de este país. Sin embargo, Tlatelolco y todo lo que lleva consigo este nombre es objeto estos días de una profunda reflexión política dentro de México. Al margen de que una Comisión de la Verdad, recientemente constituida sin el apoyo del Gobierno, arroje algo de luz sobre la responsabilidad intelectual de aquella sanguinaria represión contra el movimiento estudiantil del 68, el hecho sólo de recordar las enseñanzas que dejó ha dado ya sus frutos: aquel día empezó a cambiar México.Algo que todavía cuesta creer en este país latinoamericano de corta, pero convulsionada historia, es que 25 años después de que el Ejército y la policía entraran a sangre y fuego en la Plaza de las Tres Culturas o de Tlatelolco no se sepa todavía ni qué pasó ni a dónde fueron a parar tantos estudiantes que aquel 2 de octubre desaparecieron para siempre de las calles de la capital mexicana. Era presidente entonces en México Gustavo Díaz-Ordaz, que años más tarde fue nombrado primer embajador de su país en la España democrática. Y su secretario de Gobernación era Luis Echeverría, que años más tarde le sustituyó en la primera magistratura de la República.
