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El tejido multicolor de la economía alteña: Mario Rodríguez

Resultado de imagen para el alto feriaEl tejido multicolor de la economía alteña

Mario Rodríguez Ibáñez[1]

Los textiles andinos conocidos como awayos son un entramado colorido y vistoso particular que habita cotidianamente la ciudad de El Alto. Se los puede ver en las espaldas de las mujeres cargando a sus wawas (hijos/as), en las manos de la gente llevando sus pertenencias, sus compras o los productos agrícolas para el alimento familiar, están sobre las mesas a manera de manteles o en los arcos que se arman en las calles para el paso de las fiestas que inundan los barrios, hacen parte de las vestimentas cotidianas, pero también de los trajes especialmente diseñados para las bandas escolares en los desfiles patrios, se usan para guardar la coca que se comparte y para colocar encima la comida comunitaria conocida como apthapi . Sin awayos no se puede comprender las convivencias diarias de la gente que puebla la ciudad de El Alto.

Los awayos son tremendamente coloridos, pero todos saben cuál es el verde, el lila, el azul o el amarillo. Cada awayo tiene una parte que se llama pampa, que coloca la tendencia base del color, y otra que se denomina trama, en la que se mezclan los colores y donde se narran las historias, las visiones del mundo, las pertenencias comunitarias, la vida.

Así es también la ciudad de El Alto, con su pampa aymara[2] que marca los modos de vida de la población de esta urbe, pero con un entramado complejo, complementario, tenso, conflictivo y festivo a la vez que combina abigarradamente esa matriz aymara con otros

modos de vida diversos que provienen de la presencia de otras matrices indígenas, de la dominación colonial, de la configuración de lo boliviano y de los procesos de mundialización y “occidentalización” moderna y capitalista. Esta complejidad abigarrada cruza la cotidianidad de las personas y sus relaciones y se expresa en todas las dimensiones de la vida. Es la trama multicolor del awayo en la vida de la gente y, por tanto, también en la economía.

La población alteña, fundamentalmente aymara, no puede hacer su vida al margen de la economía dominante y su propia complejidad abigarrada. Es más, la gente aymara tiene una larga tradición cultural de hacer rutas largas para intercambiar productos, generando así redes de comercio. Una característica central cultural es su capacidad de abarcar diferentes pisos ecológicos, de esa manera abastecerse de la diversidad de productos necesarios para la reproducción de la vida. Esto ha generado una capacidad de muchas personas y familias aymaras para el comercio contemporáneo y de generar largas rutas de articulaciones y redes de cooperación y reciprocidad. Incluso los grandes liderazgos indígenas de los levantamientos anticoloniales del siglo XVIII eran comerciantes que viajaban con recuas de llamas lo que les permitió jugar este rol articulador necesario. Son muchas familias aymaras las que copan los mercados locales no solo en El Alto, sino en otras ciudades del país, pero lo hacen complementando tres formas distintas del comercio de manera: las lógicas típicas del capitalismo que maximizan las ganancias, las formas de trabajo en redes comunitarias y familiares que les obligan a garantizar formas de reciprocidad y redistribución que limitan sus posibilidades de acumulación, al menos individualizada, y la incorporación de mecanismos de gestión propios más allá del control del Estado que genera mecanismos de auto regulación de las relaciones y de lo permitido que pueden lindar en la vulneración de la legalidad estatal con prácticas ligadas al contrabando por ejemplo.

Resultado de imagen para el alto feriaEs que El Alto es un territorio que expresa claramente lo aymara en su configuración auto constituida o de gestión propia desde los acuerdos comunitarios, experiencias que aparecen en la manera en que se organizan los barrios y su manejo del territorio y el habitad, o en el autoempleo y formas de trabajo en red comunitaria y de familia por fuera de la legalidad laboral del país. Este carácter de auto constitución hace que las normas que rigen en las relaciones económicas, no funcionen como reglas únicas, sino como acuerdos de comunidad que pueden ultrapasar la legalidad estatal y convivir con ella al mismo tiempo.

Esta capacidad de vincularse al comercio y los mercados ha generado un sector aymara económicamente fuerte, con capacidad de acumulación y control de territorios, pero hasta su propio proceso de fortalecimiento económico depende mucho de su capacidad de establecer redes de amparo a través de procesos de reciprocidad y redistribución muy ligados a la fiesta. Se ostenta lo que se tiene en la fiesta, pero se lo hace para consolidar redes con fuerte presencia de lo cultural, por tanto se tiene que reciprocar y redistribuir lo que se tiene para garantizar que la red les genere mejores condiciones de amparo y acceso a posibilidades. Así como redes provenientes de comunidades campesinas indígenas van tejiendo sus capacidades económicas para penetrar y manejar los mercados de ciudades pequeñas, o redes con mayor presencia en ciudades pequeñas van tejiendo otros circuitos para estar en los mercados de las grandes ciudades, hay grupos más fuertes económicamente se tejen para, hoy en día, tener relaciones con los mercados chinos de grandes importaciones. A ello hay que añadir que personas aymaras que establecen comercios con la china no solo importan productos, sino que también son mediadores de la demanda propia para influir en la producción china, algo que se verifica visiblemente en las grandes fiestas populares y la relación entre lo aymara y la producción de telas para los trajes de las distintas fraternidades de baile, ornamentos que acompañan las mismas y otros enseres. Así la economía gestionada por aymaras hoy tiene, incluso, mayores capacidades para relaciones con los circuitos económicos con la China que las élites económicas tradicionales del país, éstas últimas no indígenas por la racialización de las clases sociales fruto del proceso colonial. Incluso la mayoría de las academias que enseñan mandarín en Bolivia, se ubican en zonas de comerciantes aymaras, zonas populares de la ciudad pero con fuerte movimiento económico.

En la población aymara de hoy en día, la diferencia social es más evidente, ya que la movilidad social se ha ampliado, mucho más desde el gobierno de Evo Morales, aunque ya venía en proceso intenso desde hace al menos cinco décadas. Existen aymaras en diferentes posiciones de clase, pero mantienen rasgos culturales comunes incluso en esa diferenciación. Y eso hace que aunque las lógicas del capitalismo estén muy presentes en sus experiencias económicas, éstas convivan con otros modos de vida que hacen también a la propia economía.

La agricultura andina en general, y aymara en particular, para sintonizarse con las condiciones de alta diversidad climática y ambiental del área de influencia de la cordillera de Los Andes, generó prácticas similares, es decir de diversificación y variabilidad de la producción: segmentó las parcelas de producción familiar en diversos pisos ecológicos y pequeñas unidades dispersas imposibilitando el monocultivo; sembró en diversos momentos, al menos tres siembras de un mismo producto para garantizar tener alguna cosecha ante la presencia de ciclos de lluvia inestables y heladas intempestivas; combinó productos en una misma parcela porque se “acompañan y crían bien”; combinó semillas generando así una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta. Pues la gente aymara urbana hace lo mismo y diversifica su economía, se mueve en la variabilidad de ocupaciones lo que imposibilidad la concentración de sus actividades en un solo rubro. Hay especialidades, pero éstas se combinan con la diversificación de estrategias económicas.

Resultado de imagen para el alto feriaLos sistemas de producción y circulación de productos, en la tradición cultural andina, combina fuertemente la funcionalidad y utilitarismo pragmático con la ritualidad festiva que pone énfasis en la ampliación de relaciones y redes como garantía de amparo, reproducción de la vida y acceso a condiciones económicas que incluye la inversión. Así muchas familias aymaras consiguen montar su iniciativa económica sin tener capital de arranque, sino accediendo a la circulación del beneficio bajo mecanismos diversos de trabajo cooperativo y de acceso a la inversión como el ayni, el pasanaku o la minka[3]. Esto les permite acceder a condiciones de emprendimiento más allá del sistema bancario y por ello generan mejores condiciones para irrumpir en los mercados locales nuevos en condiciones más favorables que otra gente.

Para que estas otras formas de relaciones económicas funcionen se tiene que combinar tres dimensiones de una tecnología propia: la capacidad empírica y pragmática de lo que se hace, por ello esta capacidad de convivir con el mercado dominante; la capacidad ritual festiva o tecnología simbólica que permite la reproducción cultural en redes comunitarias de reciprocidad; la capacidad estética que articula las otras dos dimensiones con lo agradable. Es como el awayo del cual hablamos al principio, que solo tiene sentido si se usa para llevar wawas (niños/as) o papas, es decir es funcional, pero al mismo tiempo relata las historias y los lazos comunitarios y rituales, es decir genera pertenencia en redes y es, al mismo tiempo, bello.

Aquí el Audio de este artículo en el programa de las radios de la Red de la Diversidad:

Chuyma-Palabras de nuestro corazón

https://audiomack.com/song/losmuros/chuyma-2016-economia-aymara-altea-mario

Así, se puede decir para cerrar este artículo, que las economías del mundo aymara urbano en la ciudad de El Alto se entrelazan inevitablemente con las dinámicas de la economía dominante del capitalismo y sus conexiones mundializadas, y lo hace eficientemente en muchos casos. Que las prácticas económicas propias están relacionadas abigarradamente con ello y se complejizan aún más por la diferenciación de clase que ocurre en la población de este pueblo o nación. Y sin embargo, al mismo tiempo, estas prácticas y experiencias económicas son portadoras de otros modos de vida que se aproximan más a lo que en Bolivia denominamos el horizonte del vivir bien, que pone el énfasis en el establecimiento de relaciones de reciprocidad y redistribución en redes colaborativas y de amparo que limitan las posibilidades de acumulación y dominación, y que generan, al menos, mejores condiciones para hablar de un equilibrio más complementario entre seres humanos y de éstos con la naturaleza. Esto no se puede entender ni es posible vigorizar si no se comprende dos continuidades fundamentales de la población aymara urbana de El Alto: su relación con su tradición agraria y campesina, es decir las relaciones campo – ciudad como territorios de vida; así como el vínculo con lo ancestral que permite que lo que fue, siga siendo en el presente y genere posibilidades de devenir, es decir de posibilidad que ese horizonte del vivir bien se vigorice como otro modo de vida frente al capitalismo pero desde lo existente, y ese existente es hoy también convivencia con la economía dominante.

Abril 2016

 


[1] Integrante de Wayna Tambo – Red de la Diversidad, con trabajo cultural, educativo y comunicativo de más de 20 años en la ciudad de El Alto.

[2] Pueblo andino que habita Bolivia, Perú y Chile, con enclaves en Ecuador y Argentina; segundo con mayor población entre los pueblos indígenas de Bolivia. Dependiendo de los resultados de los diferentes censos el porcentaje de población aymara de la ciudad de El Alto varía considerablemente, pero hay un consenso en admitir que al menos el 65% de la población alteña es perteneciente a este pueblo.

[3] En el presente artículo no describiremos en detalle ni estas ni muchas otras formas de relaciones económicas y de trabajo de las comunidades andinas y aymaras, pero citamos éstas para hacer referencias a mecanismos organizados en redes de colaboración, reciprocidad y redistribución que garantizan la circulación del beneficio de manera bastante equitativa.